Para quién educo yo entonces
Para quién canto yo entonces
Si los humildes nunca me entienden
Si los hermanos se cansan
De oír las palabras que oyeron siempre
Si los humildes nunca me entienden
Si los hermanos se cansan
De oír las palabras que oyeron siempre
"Para quién canto yo entonces" - Sui Generis
Mi tránsito cotidiano demanda que me enfrente con el tiempo del ingreso en 4 colegios distintos. Dos de ellos están en la misma cuadra de mi casa, por lo que no puedo escapar de sus actividades (me suenan en la oreja desde que Dios amanece) y son versión "solo para mujeres" y "solo para hombres" de la misma propuesta pedagógica. El tercero está en la ruta por la Av. Brasil, tiene nombre de santa gringa y parece ser una institución pequeña. El cuarto y último de mi día está ya en esas 5 cuadras que camino del paradero a mi chamba, es el más grande de los cuatro y, por lo tanto, tiene la mayor población estudiantil. Cada día, al pasar por sus puertas, al observar sus tránsitos, me pregunto para qué están ahí.
Me explico, los primeros dos colegios tienen una cantidad asombrosa de familias y movilidades estacionando en cualquier lugar. Línea amarilla, rampas de acceso, garajes (incluyendo el mío), el cruce peatonal, el rompemuelles, etcétera. Tu encuentra un espacio vacío y la población de esos colegios la llenará con un auto. Nos hemos quejado con el colegio, hemos llamado al serenazgo, nos hemos quejado con la municipalidad, nada. Sigue siendo lo mismo, cada día.
El tercer colegio no parece tener un parque automotor tan significativo. Tiene, sin embargo, la maravillosa peculiaridad de que maestros, familias y aprendices cruzan la enorme avenida Brasil a la mitad de la cuadra (a pesar de que esa misma termina en paradero y crucero peatonal). Aprovechando que las rejas han sido retiradas en esa porción de tránsito, cruzan como mejor les parece para dar directamente a la puerta del colegio, donde amablemente una señorita los recibe.
Del cuarto colegio no podría decir que se hacen cruces imprudentes (está en una esquina) salvo por el pequeño detalle de que en esa misma esquina hay un semáforo y la población estudiantil y sus maestros (rara vez veo familias) parece ignorar el significado de los colores. Al parecer, rojo es cruza rápidamente antes que te atropelle un carro. Aquí, una vez más, hay todo un equipo de adultos haciendo el recibimiento en esta suerte de recepción formal (no son maestros, eso es claro).
En todos los casos hay adultos siendo los observadores de estas situaciones, adultos que deciden no hacer nada frente a ello, adultos que no se inmutan ni se conmueven cuando observan, tan temprano en la mañana, cómo están educando a sus aprendices.
El aprendiz no se hace en el aula, el maestro que crea que la educación se contiene en las cuatro paredes de su salón no sólo está equivocado sino que nos está generando un grandísimo problema. Así es, el problema que se genera nos afecta a todos. Todos vamos a convivir con ese sujeto que crecerá para creer que el semáforo es una referencia sólo para cuando vas con tiempo, todos vamos a convivir con ese que te bloqueará el estacionamiento o la rampa, impidiendo que puedas atender alguna urgencia o emergencia, todos vamos a convivir con ese peatón imprudente que se atravesará por la mitad de la pista haciendo a cuando conductor se cruce con él ver pasar su vida entera ante sus ojos. La escuela no empieza después del timbre, la escuela empieza donde somos capaces de observar.
No veo el sentido de educar si no vamos a hacernos cargo del sujeto que estamos educando. Para qué educar un estudiante si no voy a educar el ciudadano que lo contiene. Porque ciudadanos seremos todos, aunque no seamos estudiantes. Si estamos contenidos dentro de la dinámica social de la ciudad, vamos a tener que asumir ese rol, nos guste o no, y podemos ejecutarlo saludablemente o podemos ser la piedra en el zapato de los que si lo hagan. La escuela, el colegio, debe ser consciente de ello como institución. Un colegio que recibe alegremente a sus aprendices cuando los ve atravesar la avenida a la mitad de la cuadra, no está educando. Un maestro que corre ignorando el rojo para poder marcar su tarjeta, no está educando. Un tutor o familiar que se estaciona en cualquier lugar para bajar al aprendiz y que no llegue tarde, no está educando.
Los problemas que nos enfrentamos en el día a día pasan, en su mayoría, por nuestro desarrollo de la ciudadanía. El ciudadano que no ve la importancia en tener un tránsito respetuoso no la va a ver en ningún aspecto de ese tránsito y el problema comienza en que no nos estamos educando para ello. Es necesario reflexionar de cuánto de esto somos parte. Como maestros, como aprendices, como padres y madres, como acompañantes, como transeúntes, como conductores, como lo que nos toque ser en esta dinámica, hay que detenernos a pensar cómo nos estamos educando. Pero sobretodo, como escuela, hay que tener un compromiso más honesto con la educación, educamos para transformar, educamos para estar mejor todos, la escuela que no lo asuma, no está engañando.
Si no cambiamos de paradigma, no viviremos otro paradigma. Después, no vale quejarse.
Si no cambiamos de paradigma, no viviremos otro paradigma. Después, no vale quejarse.

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